Tradición de los Guantes en la Masonería

La Tradición de los Guantes

La tradición de los guantes es más antigua de lo que se narra, pero podemos incentivar la búsqueda de sus raíces para quienes desean conocer su historia.

En 1723, el documento "Examen de un Masón" publicado en el periódico londinense El Correo Volante menciona que al recibir a un nuevo francmasón se entregaba un par de guantes para hombres y otro para mujeres, junto con un mandil de cuero.

Esta tradición se transformó en un ritual en las iniciaciones francesas del siglo XVIII. Sin embargo, en Inglaterra y Escocia se perdió gradualmente, y desde el siglo XIX ya no se menciona en las actas y reglamentos de logias.

En 1724, una logia en Dunblane entregaba guantes y un mandil a sus iniciados. En 1754, en Haughfoot (Inglaterra), se estableció que nadie podía entrar a la logia sin un par de guantes para cada miembro.

La primera "revelación" francesa conocida, de 1737, llamada Carta de Herault, señala que el aprendiz recibe un mandil de cuero blanco y guantes para sí mismo y para la mujer que más estima.

La tradición se mantiene viva especialmente en las logias que trabajan en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, aunque otras logias también practican esta costumbre.